Barahona, República Dominicana
Este 24 de abril de 2026 marca un hito imborrable en la historia religiosa y social de la región Enriquillo: el 50 aniversario de la erección canónica de la Diócesis de Barahona. Lo que comenzó en 1976 como un mandato del Papa Pablo VI a través de la Bula “Ad Animarum”, se ha transformado en cinco décadas de acompañamiento pastoral y lucha incansable por el desarrollo de las provincias del Suroeste.
Un Nacimiento en Tiempos de Desafío
La Diócesis fue creada abarcando las provincias de Barahona, Pedernales, Bahoruco e Independencia, una zona históricamente marcada por el olvido estatal y la precariedad económica. Desde su fundación, la Iglesia en esta región no se limitó a la labor litúrgica; se convirtió en la voz de los que no tenían voz.
Bajo el liderazgo de sus tres obispos —desde la firmeza profética de Monseñor Fabio Mamerto Rivas, pasando por la cercanía de Monseñor Rafael Felipe Núñez (Fello), hasta la guía actual de Monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas— la Diócesis ha mantenido una línea pastoral coherente: la fe debe ir de la mano con la promoción humana.
Más que Púlpitos: Una Iglesia en la Calle
A lo largo de estos 50 años, la Diócesis de Barahona ha sido protagonista en momentos cruciales para la región:
- Defensa de los Recursos Naturales: Ha sido escudo protector del medio ambiente frente a la explotación indiscriminada.
- Educación y Salud: A través de sus parroquias y centros de formación, ha llenado vacíos que el Estado dejó desatendidos por décadas.
- Organización Comunitaria: Sacerdotes y laicos han trabajado codo a codo en municipios como Tamayo, Vicente Noble, Neiba y Jimaní, organizando a la gente para reclamar derechos fundamentales como agua, luz y carreteras.
Bodas de Oro: Un Jubileo para el Reencuentro
La celebración de este quincuagésimo aniversario no es solo un vistazo al pasado, sino una renovación de votos con el futuro. Monseñor Romero Cárdenas ha definido este tiempo como un Jubileo de la Esperanza, con la meta de fortalecer las comunidades de fe y multiplicar el número de misioneros que sigan trabajando por un Suroeste más justo.
Hoy, la Catedral Nuestra Señora del Rosario se viste de gala. Al sonar las campanas, no solo se celebra una estructura eclesiástica, sino la resistencia de un pueblo que ha encontrado en su Diócesis un faro de luz en medio de las tempestades del olvido.
¡Felicidades a la Diócesis de Barahona por sus 50 años de entrega y amor al prójimo!