Abad de Subiaco tras la visita del Papa: «Un encuentro familiar que nos hizo sentir hijos y hermanos»

VATICANO — La sorpresiva visita del Santo Padre a la zona oriental del Lacio ha dejado una profunda huella de fraternidad y cercanía espiritual entre las comunidades monásticas y los fieles de la región. Tras recorrer el Santuario de la Santísima Trinidad en Vallepietra y los célebres monasterios benedictinos de Subiaco, el Abad de Subiaco destacó la calidez y el sentido de comunión vivido durante la jornada, definiéndolo como un «encuentro verdaderamente familiar».

Una jornada de fe, oración y tradición

La visita comenzó a primeras horas de la mañana en el Santuario de la Santísima Trinidad de Vallepietra, un emblemático centro de peregrinación situado a casi 1.400 metros de altitud en la ladera del Monte Tagliata. Allí, el Pontífice se detuvo en silenciosa oración ante el histórico fresco de la Santísima Trinidad y compartió unos momentos de cercanía con los religiosos y fieles congregados en el lugar.

Posteriormente, el Papa se trasladó a Subiaco, cuna del monacato occidental. En el célebre monasterio del Sacro Speco (San Benito):

  • Meditación y oración: Se detuvo a reflexionar ante el célebre fresco del siglo XIII de San Francisco de Asís.
  • Gesto tradicional: Cumplió con la venerada tradición de besar la rodilla de la estatua de San Benito.
  • Comunión fraterna: Recitó el Padrenuestro en comunidad con los monjes y presentes.

El recorrido concluyó en el Monasterio de Santa Escolástica, donde el Pontífice compartió el almuerzo con la comunidad benedictina, recorrió los claustros históricos y conversó amena y cercanamente con los religiosos antes de su regreso a Castel Gandolfo.

«Hijos y hermanos en la casa común»

Al reflexionar sobre el impacto de la presencia del Pontífice, el Abad de Subiaco subrayó que la visita trascendió el protocolo oficial para convertirse en una experiencia profunda de paternidad espiritual y fraternidad:

«No sentimos la presencia de una gran autoridad distante, sino la de un padre y un hermano que viene a compartir la mesa, la oración y la vida. Fue un gesto que nos renovó en nuestra vocación y nos hizo sentir plenamente hijos de la Iglesia y hermanos entre nosotros».

Este viaje sorpresa se suma a las recientes salidas del Papa a lugares de profunda significación espiritual e histórica —como la Abadía de Montecassino—, reafirmando su deseo de estar cerca de las comunidades de vida contemplativa y de los centros de fe del pueblo creyente.

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