El Papa León XIV pide en su intención de julio rezar por el respeto y la protección de toda vida humana

CIUDAD DEL VATICANO — A través de la iniciativa global “Reza con el Papa”, promovida por la Red Mundial de Oración del Papa, el Pontífice ha dedicado su intención mensual de julio de 2026 a un clamor urgente: el respeto, la acogida y la custodia de la vida humana en todas sus etapas, desde su primer instante hasta su ocaso natural.

En un videomensaje marcado por una profunda sensibilidad pastoral, León XIV —en continuidad con los mensajes en defensa de la dignidad que ha manifestado a lo largo de su pontificado— invitó a los fieles y a todas las personas de buena voluntad a unirse en una plegaria común para contrarrestar la indiferencia global.

Cada persona es un don sagrado

El Papa subrayó que la grandeza moral y el grado de civilización de una sociedad no se miden por su desarrollo técnico o económico, sino por su capacidad de proteger y acompañar las vidas marcadas por la fragilidad.

“Cada persona es un don sagrado que refleja el rostro de Dios, desde el primer instante de su existencia hasta el último aliento de su peregrinar en esta tierra”, recordó el Santo Padre.

Haciendo un llamamiento directo contra la “cultura del descarte”, el Pontífice lamentó aquellas corrientes sociales y legislativas que excluyen o minimizan el valor de quienes se encuentran en situaciones de extrema vulnerabilidad: los niños no nacidos, los enfermos, los ancianos y todos aquellos que dependen enteramente del cuidado ajeno.

Una Iglesia que sea “un hogar abierto”

El mensaje incluye una oración inédita del propio León XIV, en la que suplica al “Señor de la vida” la gracia de sacudir la apatía comunitaria. En la plegaria, el Papa pide perdón por las veces en que la sociedad cae en la exclusión y pide “un corazón nuevo, capaz de elegir siempre la vida, y manos generosas que la protejan con gestos concretos”.

Asimismo, el Santo Padre reservó un deseo muy especial para las comunidades eclesiales de todo el mundo: que la Iglesia se consolide verdaderamente como “un hogar abierto donde toda existencia sea celebrada, donde nadie se sienta de más (sobrante) y donde la dignidad de cada persona sea siempre respetada y protegida”.

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